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La llegada de capital extranjero de alto perfil a Vaca Muerta obliga a reforzar la debida diligencia en Argentina

La llegada de capital extranjero de alto perfil a Vaca Muerta obliga a reforzar la debida diligencia en Argentina

Source: Deutsche Nachrichten
El cofundador de PayPal y Palantir Technologies, Peter Thiel, adquirió en agosto de 2026 una participación cercana al 1% en Vista Energy, la petrolera que opera en la cuenca de Vaca Muerta, por un monto estimado en US$76 millones, según reportaron La Nación, Infobae y CNBC. La operación llegó meses después de que Thiel visitara Buenos Aires y se reuniera en abril con el presidente Javier Milei, un encuentro que el propio mandatario calificó públicamente como “maravilloso” y que confirmaron medios como Buenos Aires Times y Buenos Aires Herald. El interés de Thiel por la Argentina se enmarca en una afinidad declarada con el rumbo de desregulación económica del gobierno, pero el hecho concreto y verificable es otro: un inversor internacional de altísimo perfil público entró como accionista de una compañía que cotiza en bolsa y opera en un sector estratégico.

Casos como este no son un fenómeno aislado. Vaca Muerta viene atrayendo capital extranjero a un ritmo creciente, impulsado en parte por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el esquema de beneficios impositivos y cambiarios sancionado en 2024 para atraer proyectos de gran escala en energía, minería e infraestructura. Cuando ese capital llega de la mano de figuras públicas —empresarios reconocidos, fondos con nombres propios, personas con exposición mediática o política internacional—, las empresas y los bancos que participan de esas operaciones quedan sometidos a un nivel de escrutinio distinto al de un inversor anónimo. No es solo una cuestión de imagen: es un requisito que ya está incorporado en las normas contra el lavado de dinero.

En Argentina, la Unidad de Información Financiera (UIF) y el Banco Central (BCRA) exigen a los llamados “sujetos obligados” —bancos, sociedades de bolsa, entidades financieras, entre otros— aplicar procedimientos reforzados de debida diligencia cuando una operación involucra a una persona expuesta políticamente, más conocida por su sigla en inglés, PEP: alguien que ocupa o ocupó un cargo público relevante, o que mantiene vínculos cercanos con quienes lo ocupan, en cualquier país. La lógica detrás de esta categoría es simple: una persona con ese perfil tiene mayor capacidad de influir en decisiones públicas y, por lo tanto, mayor riesgo de estar involucrada, directa o indirectamente, en esquemas de corrupción o lavado de activos. Estos lineamientos, alineados con los estándares del GAFI (el organismo internacional que fija las reglas contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo), no distinguen entre inversores locales y extranjeros: si el dinero entra al sistema financiero argentino, corresponde aplicar el mismo criterio.

El desafío práctico es que verificar a un inversor de perfil público no se resuelve con una búsqueda rápida en Google. Requiere cruzar listas de riesgo internacional, verificar el origen de los fondos, monitorear menciones en medios y fuentes abiertas —lo que en la jerga del sector se conoce como OSINT, o inteligencia de fuentes abiertas: información pública que se recopila y analiza de forma sistemática— y mantener ese control de manera continua, no solo al momento de firmar el acuerdo. Un banco que financia una operación conjunta con un fondo extranjero, o una empresa energética que suma un nuevo socio internacional, necesita poder demostrar ante el regulador que hizo ese trabajo, más allá de que el inversor en cuestión tenga o no una reputación pública favorable.

“Cuando aparece un inversor con exposición mediática alta, muchas empresas argentinas asumen que el riesgo reputacional y el riesgo de cumplimiento son lo mismo, y no lo son. Se puede tener un socio perfectamente conocido públicamente y aun así no haber verificado formalmente su origen de fondos, sus vínculos societarios o si figura en alguna lista de sanciones internacional. Esa verificación documentada es la que después te protege ante un regulador”, explica Guido Schenone, Comercial & Growth Manager de Validato, compañía de origen suizo que ofrece servicios de verificación de identidad, antecedentes y listas de riesgo internacional, además de monitoreo OSINT y KYC (conocé a tu cliente, por su sigla en inglés) para el mercado argentino y regional.

Para las empresas y entidades financieras argentinas que empiecen a recibir capital de perfiles internacionales de alto impacto mediático, la recomendación práctica pasa por dos frentes. El primero es no relajar los procesos de debida diligencia por el hecho de que el inversor sea reconocido públicamente; la exposición mediática no reemplaza la verificación formal exigida por la normativa de la UIF y el BCRA. El segundo es documentar ese proceso de manera que pueda sostenerse ante una inspección, considerando que la llegada de más capital extranjero a sectores como energía, minería e infraestructura probablemente siga esta misma tendencia en los próximos años.

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